jueves, 11 de febrero de 2016

Tiempo de Cuaresma

(Sobre la Cuaresma y textos de Charles Fillmore pinchando en este enlace: CUARESMA)
La Cuaresma es una temporada de Crecimiento Espiritual, un tiempo de desenvolvimiento progresivo. Cuando podemos asociar y sumergir nuestra mente en la Mente de Dios, el camino está abierto para el Señor glorificarnos y levantarnos, a un estado más alto, puro y espiritual.
“En donde dos o tres se juntan en oración en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Cristo está entre nosotros como el Dios de nuestro planeta. Deja todas tus cargas en el Señor y entra en la temporada de Cuaresma esperando resultados definidos.
Ayunar significa abstenerse de algo; es abstinencia. El lugar de vencer está en la conciencia del hombre. El ayuno de cuarenta días es una completa negación de las demandas de los sentidos. Al ayunar, nosotros como metafísicos, nos abstenemos del pensar erróneo y meditamos en la Verdad Espiritual, hasta que la incorporamos en la conciencia de Unidad con el Padre.
El deseo de sobresalir está en todos los hombres. Es la inspiración del Espíritu Santo que nos urge siempre adelante a través de la tierra hacia el cielo. Debe estimularse y cultivarse en la dirección correcta.
Cuando nos adherimos firmemente, día tras día, a nuestra firme resolución de seguir los pasos para la temporada de Cuaresma, descubrimos que estamos construyendo sobre un firme fundamento y elevándonos a una consciencia más alta. Llegamos a saber que Cristo está en verdad con nosotros y está resucitando en nosotros sus realizaciones de Luz, Vida y Sustancia.
DÍA 1 - MIÉRCOLES DE CENIZA: “LA NEGACIÓN”
Las cenizas, que simbolizan arrepentimiento, son un símbolo adecuado hacia el primer paso necesario para guardar la Cuaresma, que es la negación de creencias mortales en el mal y el error. La negación debe ser siempre el primer paso en la realización de la perfección, pero no debe ser un acto separado. No es necesario ni aconsejable que sostengamos un pensamiento de error en la conciencia aún el tiempo suficiente para negarlo. La aceptación del bien -reconocimiento de una tendencia general a las creencias erróneas y la resolución de corregir esas creencias- constituye la forma apropiada para la negación. Cuando verdaderamente manifestamos nuestra fe en el bien, estamos automática y efectivamente negando que nada contrario al bien puede tener ningún efecto en nosotros y en nuestros seres amados.
Así niego, echando fuera de mi conciencia viejos pensamientos erróneos, como si estuviera barriendo suavemente telarañas, y afirmo positivamente, sin temor, que “Soy un hijo de Dios y mi herencia viene de él”.
Estoy dejando ir viejas creencias materiales y lo Divino dentro de mí está resplandeciendo más y más alto. Su pura y blanca luz está bañando todos mis alrededores con un deleitable espíritu de sabiduría, dignidad y paz. Comprendo más y más la ley del recto pensar que está trayéndome a la conciencia de perfecto dominio.
Si pequeñas disensiones, riñas, celos, pensamientos sin caridad, llegan a mi vida, los venzo con una tranquila, positiva negación hecha con el convencimiento de que ningún error tiene poder o realidad en sí mismo. Me alejo de la creencia en la negación y mi pensar cambia. Libro mi conciencia de pensamientos limitados que han impedido y oscurecido mi comprensión. Rompo el pensamiento mortal y asciendo a un plano espiritual, el reino de los cielos.
En el espíritu del Amor Divino  afirmo: “Olvidando las cosas pasadas, realizo que soy fuerte, positivo, poderoso, sabio, valeroso, libre espíritu. YO SOY el hijo perfecto de Dios”.
DÍA 2 - JUEVES: “LA AFIRMACIÓN”
Las afirmaciones son los más poderosos y efectivos instrumentos accesibles en nosotros para lograr la conciencia de perfección de Cristo. La prueba más convincente del poder de la afirmación, está en el hecho de que Jesús hizo uso constante de aquel poder para alcanzar y permanecer en su alto estado del ser.  Charles Fillmore enseña que la palabra hablada tiene un definitivo efecto físico en las células del cuerpo. Por esta razón el dominio del pensamiento es imperativo, de manera que palabras irreflexivas, descuidadas, menos que constructivas, no salgan de nosotros. Cuando aprendemos a dominar nuestro pensamiento y así nuestras palabras, encontramos que las afirmaciones de poder vienen con naturalidad a la mente y la Verdad se establece firmemente en nuestra conciencia.
“Yo declaro que como hijo de Dios, estoy ahora consciente de la perfección de Cristo.”
Constantemente afirmo: “El Padre y yo somos uno; Toda autoridad se me ha dado en el cielo y en la tierra; Soy coheredero con Jesucristo del bien infinito del reino y con el constante uso de mi palabra hablada, reclamo mi bien celestial”.
La fe es un resultado de mis afirmaciones.  Cada afirmación ayuda a construir un sustancial, firme, permanente estado de conciencia, porque establece la Verdad en ella.
Cuando día tras día repito y valerosamente vivo afirmaciones de Verdad, llego a saber que soy un canal abierto de inteligente comunicación con las Fuerzas Silenciosas en lo profundo del ser, pensamientos y palabras fluyen en ellas, y comprendo que una fuente de poder enteramente nueva se está desenvolviendo dentro de mí.
Afirmo: “Por medio de Jesucristo comprendo mi divina filiación y soy transformado en su imagen y semejanza”.
(Continúa en este enlace: CUARESMA)