lunes, 12 de mayo de 2014

El Libro de los Salmos (I) Salmo 23

El Libro de Salmos
“The Bay Psalm Book” (1640)
Massachusetts, U.S.A.
El Libro de los Salmos (en hebreo תְּהִילִים, Tehilim, Alabanzas) es un libro de poesía religiosa hebrea que forma parte del Tanaj judío y del Antiguo Testamento cristiano. Está incluido entre los llamados Libros Sapienciales. También se le conoce como Alabanzas o Salterio. El libro de salmos se compone, en realidad, de 5 colecciones de cánticos que el antiguo pueblo de Israel empleaba en su adoración. 
El nombre de Salmo proviene del griego psállein, que significa originariamente tocar un instrumento de cuerda o cantar al son de dicho instrumento. Las composiciones salmódicas son, generalmente, de índole lírico-religiosa, aunque no falten cantos épicos y fragmentos didácticos y aun oraculares proféticos.
        El texto original de los Salmos estaba en hebreo. Los manuscritos más antiguos con los que se cuenta y que están en esta lengua son de fines del siglo X aunque los fragmentos que se encontraron en Qumram (Cisjordania) sean de mediados del siglo I. Dado que se trataba de un texto muy usado con fines litúrgicos, sufrió diversas transformaciones y cambios que hacen muy difícil descubrir el texto hebreo que fue la fuente de las traducciones más antiguas con que se cuenta.
Los Salmos son ante todo composiciones poéticas, lo que quiere decir que lo intuitivo y lo afectivo priva sobre lo lógico y didáctico. El poeta se deja llevar de impresiones íntimas religiosas difíciles de concretar, de vivencias profundas que no encuentran su encasillado en las estratificaciones frías y calculadas de la razón.
Y es que la forma literaria más eficaz para guardar la memoria de un acontecimiento y permitir su continuidad en el recuerdo es el poema. No se trata tanto de escribir lo que pasó —lenguaje informativo— cuanto de hacer que se sintonice con lo que pasó y permitir que se comulgue con la misma experiencia —lenguaje de comunión. Es el deseo de compartir y, en definitiva, el amor, lo que engendra el relato poético.
 Se pueden dividir las diversas composiciones del Salterio en las siguientes familias: salmos de alabanza, de acción de gracias, deprecativos, de peregrinación, procesionales, de entronización, mesiánico, imprecatorios.
        Sobre la autoría de los salmos. No está claro que todos sean obra de David. La crítica textual ha intentado descubrir las influencias dentro de los salmos para poder ofrecer algún dato, aunque sea mínimo, sobre sus posibles autores y mucho más del período dentro del desarrollo religioso en Israel. Se pueden encontrar varios autores aparte de David: Moisés, Asaf, Herman, los hijos de Core, Salomón, Etan y Jedutum y algunos de ellos sin determinar a los que se llaman Salmos Huérfanos.
        La literatura y la música han recogido en muchos momentos y de muy diferentes formas los salmos, especialmente algunos de ellos. El salmo Miserere por ejemplo va a alcanzar una relevante recepción: Orlando di Lasso, Giovanni Pierluigi da Palestrina o Gregorio Allegri le dedicarán sendas composiciones. Muchos de los coros en La Creación, oratorio de Joseph Haydn, están basados en salmos. Ya en el siglo XX, Ígor Stravinski escribirá una Sinfonía de los Salmos (1930) para coro y orquesta. Leonard Bernstein compondrá en 1965 los Chichester Psalms.


Salmo 23
“El Buen Pastor” de B.E. Murillo (1660)
El Salmo 23 es uno de los más comentados y orados a lo largo de los siglos, tanto por la tradición judía como por la cristiana. También es uno de los más usados en el arte. Basta recordar las numerosas pinturas de las catacumbas. En ellas se suele representar a Jesús como un joven sin barba, de pie, con vestido corto y zurrón, con una oveja sobre sus hombros y la cabeza suavemente apoyada sobre la oveja.
En la Liturgia cristiana se lee como salmo responsorial en distintas fiestas del Señor y se propone para todo tipo de celebraciones (bautizos, matrimonios, funerales, etc.). Es un texto hermoso y poético, que nos habla de la ternura de Yavé (“Yo Soy el que Yo Soy”) y de los sentimientos que experimenta quien se encuentra con Él: alegría, paz, seguridad, confianza, plenitud de vida.

Es Yahveh mi pastor, nada me falta.
Por prados de fresca hierba me apacienta;
Hacia las aguas de reposo me conduce;
Y conforta mi alma;
Me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.
Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré,
Porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan.
Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios;
Unges con óleo mi cabeza; rebosante está mi copa.
Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida;
Mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.
“Es Yahveh mi pastor, nada me falta.”

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