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2011/12/14

Una Receta para el Cambio

Vuestros defectos son el resultado de malas costumbres que habéis contraído en vuestras encarnaciones anteriores, y cuando queréis libraros de ellos, os concentráis y os obstináis en eliminarlos. Pues bien, no, éste no es un buen método. Preocupaos más bien de lo que podéis construir para el futuro. Decíos: «Ahora crearé algo nuevo», trabajad cada día con una fe inquebrantable, una convicción absoluta.
Tomad todos los elementos que Dios os ha dado: el pensamiento, el sentimiento, la imaginación, y esforzaos en proyectar en vosotros mismos las imágenes más hermosas, de veros en la música, de veros en la luz, de veros en el sol, en la perfección de las formas, con cualidades, dones y virtudes: la bondad, la  generosidad, la posibilidad de apoyar a los demás, ayudarles,  iluminarles. Un día, esta construcción luminosa y perfecta es la que recubrirá todas las lagunas e imperfecciones del pasado.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

2011/01/18

¿Depresión? ¿Indignación? ¡No, gracias!

   Encontráis que la vida es difícil, y es verdad; que los humanos son a menudo malvados y desagradecidos, también es verdad. Pero ¿acaso es ésta una razón para estar siempre indignado, irritado, y amargado? ¿No os dais cuenta que con esta actitud, es a vosotros mismos en definitiva a quienes estáis dañando? Algunos dirán que no pueden evitar indignarse por el espectáculo del mundo y que, si se hacen daño, no se les puede reprochar porque sólo se están haciendo daño a sí mismos. Pues bien, este razonamiento prueba que no tienen una buena comprensión de las cosas.
     Todos los humanos están unidos entre sí, y si estáis tristes, deprimidos, melancólicos, ello se refleja en las personas con las que os encontráis. ¿No queréis hacer daño a nadie? Aparentemente es cierto, no se lo hacéis; pero se lo hacéis igualmente, porque propagáis ondas y partículas negativas. Creéis que estáis separados de los demás, pero os equivocáis: vuestros pensamientos y vuestros sentimientos influyen en vuestros padres, en vuestros amigos, incluso en los animales, las plantas y los objetos a vuestro alrededor. Aquél que se daña a sí mismo, daña también al mundo entero, no es pues más inocente que los demás contra los que se está indignando.
Por Omraam Mikhaël Aïvanhov