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2013/01/23

¡Siempre hay Salida!

     Sean cuales sean las razones que empujan a un hombre o a una mujer a desesperarse hasta el punto de poner fin a sus días, puede decirse que la verdadera explicación es ésta: esta criatura no sabe que el Creador ha colocado en ella posibilidades inauditas para poder triunfar bajo cualquier condición de la vida, posibilidades para poder comunicarse con los seres del mundo invisible, posibilidades de crear con el pensamiento y lanzar estas creaciones a través del espacio. Incluso en la mayor soledad y en la mayor pobreza, podéis no sentiros solos ni pobres, sino visitados, rodeados y colmados, porque interiormente estáis habitados por un mundo extraordinariamente bello y lleno de sentido.
     Los desesperados no tienen ninguna idea de los recursos, de las fuerzas que Dios ha depositado en ellos, piensan que la única salida para ellos es el suicidio. Pero ¿qué significa esto? ¿Acaso son seres tan excepcionales que no pueden soportar la fealdad del mundo? … No, desde el punto de vista de la Inteligencia cósmica, que ha dotado al ser humano de medios para afrontar todas las pruebas, son ignorantes y débiles.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

2012/03/07

Imaginar para Crear

Existen cualidades y virtudes que deseáis poseer en especial. Así pues, concentraos en ellas, tratad de imaginar a esa criatura magnífica en la que deseáis convertiros: sentiréis cómo aumenta vuestra fuerza interior, vuestra confianza y vuestra alegría, como si saborearais de antemano estas transformaciones que terminarán produciéndose un día.
Muchos dirán: «Pero, vemos bien cómo somos, y no será nuestra imaginación la que cambiará algo.» ¡Continuad pensando de esta manera y en efecto jamás cambiaréis!
El espiritualista, que conoce el poder del pensamiento, sabe lo eficaz que puede ser. En sus meditaciones, imagina hallarse en la luz manifestando todas las cualidades divinas. El pensamiento, que prepara de esta manera el terreno, le acerca progresivamente al objetivo que quiere alcanzar.
Por Omraam Mikhaël Aïvanhov

2011/12/14

Una Receta para el Cambio

Vuestros defectos son el resultado de malas costumbres que habéis contraído en vuestras encarnaciones anteriores, y cuando queréis libraros de ellos, os concentráis y os obstináis en eliminarlos. Pues bien, no, éste no es un buen método. Preocupaos más bien de lo que podéis construir para el futuro. Decíos: «Ahora crearé algo nuevo», trabajad cada día con una fe inquebrantable, una convicción absoluta.
Tomad todos los elementos que Dios os ha dado: el pensamiento, el sentimiento, la imaginación, y esforzaos en proyectar en vosotros mismos las imágenes más hermosas, de veros en la música, de veros en la luz, de veros en el sol, en la perfección de las formas, con cualidades, dones y virtudes: la bondad, la  generosidad, la posibilidad de apoyar a los demás, ayudarles,  iluminarles. Un día, esta construcción luminosa y perfecta es la que recubrirá todas las lagunas e imperfecciones del pasado.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

2011/01/18

¿Depresión? ¿Indignación? ¡No, gracias!

   Encontráis que la vida es difícil, y es verdad; que los humanos son a menudo malvados y desagradecidos, también es verdad. Pero ¿acaso es ésta una razón para estar siempre indignado, irritado, y amargado? ¿No os dais cuenta que con esta actitud, es a vosotros mismos en definitiva a quienes estáis dañando? Algunos dirán que no pueden evitar indignarse por el espectáculo del mundo y que, si se hacen daño, no se les puede reprochar porque sólo se están haciendo daño a sí mismos. Pues bien, este razonamiento prueba que no tienen una buena comprensión de las cosas.
     Todos los humanos están unidos entre sí, y si estáis tristes, deprimidos, melancólicos, ello se refleja en las personas con las que os encontráis. ¿No queréis hacer daño a nadie? Aparentemente es cierto, no se lo hacéis; pero se lo hacéis igualmente, porque propagáis ondas y partículas negativas. Creéis que estáis separados de los demás, pero os equivocáis: vuestros pensamientos y vuestros sentimientos influyen en vuestros padres, en vuestros amigos, incluso en los animales, las plantas y los objetos a vuestro alrededor. Aquél que se daña a sí mismo, daña también al mundo entero, no es pues más inocente que los demás contra los que se está indignando.
Por Omraam Mikhaël Aïvanhov