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2020/03/11

La Fe Mueve Montañas

extractos del CAPÍTULO 5:
¿LA FE MUEVE MONTAÑAS? ¿POR QUÉ, Y CÓMO?
del lIBRO “METAFÍSICA 4 EN 1, VOL. 1” DE CONNY MÉNDEZ
Todo el mundo conoce el dicho y lo repite a menudo; lo repite como un loro, pues no sabe en realidad lo que significa ni por qué ni cómo es eso: LA FE MUEVE MONTAÑAS.
Pocos saben que el temor también mueve montañas. EL TEMOR Y LA FE SON UNA MISMA FUERZA. EL TEMOR ES NEGATIVO Y LA FE ES POSITIVA. El temor es fe en el mal. O sea, la convicción de que va a ocurrir lo malo. LA FE ES LA CONVICCIÓN DE QUE LO QUE VA A OCURRIR ES BUENO, O QUE VA A TERMINAR BIEN. El temor y la fe son las dos caras de una misma medalla.
Fíjate bien. Tú jamás temes que te vaya a suceder algo bueno. Ni tampoco dices jamás: “tengo fe en que te va a ocurrir lo malo”. La fe siempre se asocia a algo que deseamos; y no creo que tú desees el mal para ti! A éste le temes, ¿no es así?
Todo lo que tú temes lo atraes y te ocurre. Ahora que, cuando te ocurre, generalmente dices con aire triunfante: “¡Ajá, yo lo sabía! Lo presentí”, y sales corriendo a contarlo y repetirlo como para lucir tus dotes de clarividente. Y lo que en realidad ha sucedido es que lo pensaste con temor. ¿Lo presentiste? Claro. Lo presentiste. Tú mismo lo estás diciendo. YA SABES QUE TODO LO QUE SE PIENSA SINTIENDO AL MISMO TIEMPO UNA EMOCIÓN SE MANIFIESTA O SE ATRAE. Tú lo anticipaste y lo esperaste. Anticipar y esperar es FE.
Ahora fíjate que todo lo que tú esperas con FE te viene, te sucede. Entonces, si sabes que esto es así, ¿qué te impide usar la FE para todo lo que tú desees?, ¿amor, dinero, salud, etc.? Es una Ley Natural. Es una Ordenanza Divina. El Cristo lo enseñó con las siguientes palabras que conoces: “TODO LO QUE PIDIÉREIS EN ORACIÓN, CREYENDO, LO RECIBIRÉIS”. No lo he inventado yo. Está en el capítulo Nº21, versículo 22 de San Mateo. Y San Marcos lo expresa más claro aún: “TODO LO QUE PIDIÉREIS ORANDO, CREED QUE LO RECIBIRÉIS Y OS VENDRÁ”. San Pablo lo dice en palabras que no tienen otra interpretación: “LA FE ES LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA, LA CONVICCIÓN DE LO QUE SE VE”. Más arriba te dije que la fe es la convicción del bien.
Ahora te diré que LA CONVICCIÓN VIENE POR EL CONOCIMIENTO. Supongamos que tú vives en la provincia y que jamás has ido a la capital. Quieres ir a la capital, y tomas el tren, el auto o el avión. Sabes dónde queda la capital y cómo dirigirte a ella. Un día te diriges hacia la capital y utilizas la forma de conducción que mejor te convenga, pero por el camino no vas temiendo desviarte hacia la luna ¿No? Si fueras un indio salvaje podrías estar temblando de pavor por desconocer totalmente lo que está pasando. Pero siendo una persona civilizada, vas tranquilo, sabiendo que a tal o cual hora llegarás a la capital. ¿Qué es? O ¿qué te da esta FE? El CONOCIMIENTO.
La ignorancia de los Principios de la Creación es lo que hace que el mundo tema el mal, no sepa emplear la fe, ni siquiera lo que ella es.
LA FE ES CONVICCIÓN, seguridad; pero éstas tienen que estar basadas en el conocimiento de algo. Conoces que existe la capital y vas hacia ella. Por eso sabes que no irás a parar a la luna.
Ahora sabes que cuando deseas algo, si temes no obtenerlo, no lo obtendrás. Si lo niegas antes de recibirlo, como en el ejemplo dado ya de la oración que dirige a Dios la generalidad de los humanos: “Dios mío concédeme tal cosa, aunque sé que no me lo darás porque vas a pensar que no me conviene”; no lo obtendrás porque de antemano lo negaste. ¡Has confesado que no lo esperas!
Déjame darte la FÓRMULA METAFÍSICA para obtener cualquier cosa que uno desee. Es una fórmula. Hay que emplearla para todo. Compruébala por ti mismo. No me lo creas ciegamente.
«YO DESEO TAL COSA. EN ARMONÍA PARA TODO EL MUNDO Y DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DIVINA. BAJO LA GRACIA Y DE MANERA PERFECTA. GRACIAS PADRE QUE YA ME OÍSTE.»
Ahora no dudes por un solo instante. Has empleado la fórmula mágica. Has cumplido con toda la Ley y no tardarás en ver tu deseo manifestado. Ten paciencia. MIENTRAS MÁS TRANQUILO ESPERES, MÁS PRONTO VERÁS EL RESULTADO. La impaciencia, la tensión y el ponerse a empujar mentalmente destruyen el tratamiento (la fórmula es lo que en metafísica se llama “un TRATAMIENTO”).
Para que sepas lo que has hecho al repetir la fórmula, te voy a explicar el proceso detalladamente. Al tú decir “EN ARMONÍA PARA TODO EL MUNDO” has eliminado todo peligro de que tu conveniencia perjudique a otro, como tampoco se te hace posible desear un mal para otro. Al decir “DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DIVINA”, si lo que tú deseas es menos que perfecto para ti, verás suceder algo mucho mejor de lo que tú esperabas; en este caso significa que lo que estabas deseando no lo ibas a encontrar suficiente, o no te iba a resultar tan bueno como tú pensabas: la Voluntad de Dios es perfecta.
El tú decir “bajo la Gracia y de Manera Perfecta” encierra un secreto maravilloso. Pero déjame darte un ejemplo de lo que ocurre cuando no se sabe pedir bajo la Gracia y Perfección. Una señora necesitaba urgentemente una suma de dinero, y la pidió asimismo: para el día 15 del mes. Tenía absoluta fe de que la recibiría, pero su egoísmo e indiferencia no le inspiró pedirla con alguna consideración para nadie más. Al día siguiente un automóvil estropeó a su hija, y el día 15 del mes recibió la suma exacta que ella había pedido; se la pagó la Compañía de Seguros por el accidente de su hija; ella trabajó contra la Ley y contra ella misma.
Pedir “BAJO LA GRACIA Y DE MANERA PERFECTA” es trabajar con la Ley Espiritual, la Ley de Dios que se manifiesta siempre en el Plano Espiritual. Allí –en el plano espiritual– todo es Perfecto, sin obstáculos, sin inconvenientes, sin tropiezos ni daños para alguno, sin luchas ni esfuerzos, “suavecito, suavecito”, todo con gran Amor, y esa es nuestra Verdad. Esa es la Verdad que al ser conocida nos hace libres.
“GRACIAS, PADRE, QUE YA ME OÍSTE” es la expresión más alta de FE que podamos abrigar. Jesús la enseñó y la aplicaba en todo, desde antes de partir el pan con que alimentó a cinco mil, hasta para decir cómo transformar el vino en su sangre; dando gracias al Padre antes de ver la manifestación.
Como irás viendo, todo lo que enseñó Jesús fue metafísico.
Todo lo que tú desees, todo lo que vayas necesitando lo puedes manifestar. El Padre todo lo ha previsto ya, todo lo ha dado ya, pero hay que irlo pidiendo a medida que se sienta la necesidad. Sólo tienes que recordar que no puedes pedir mal para otro porque se te devuelve a ti, y todo lo que pidas para ti debes pedirlo también para toda la Humanidad porque todos somos hijos del mismo Padre.
Por ejemplo, pide grande. El Padre es muy rico y no le gusta la mezquindad. ¡No digas “Ay, Papá Dios, dame una casita; sólo te pido una casita, aunque no sea sino chiquitita”, cuando la realidad es que tú necesitas una casa muy grande porque tu familia es numerosa! No recibirás sino lo que pides. Pide así:
«PADRE, DAME A MÍ Y A TODA LA HUMANIDAD,
TODAS LAS MARAVILLAS DE TU REINO».

Ahora haz tu lista.
Para ir fortificando la FE, haz una lista de cosas que deseas o que necesitas; enumera los objetos o las cosas. Al lado de esta lista haz otra enumerando cosas que deseas ver desaparecer, o bien en ti mismo o en lo exterior. En el mismo papel escribe la FÓRMULA que ya te di más arriba. Ahora, lee tu papel todas las noches. No debes sentir la menor duda. Da las gracias de nuevo cuantas veces pienses en lo que has escrito. A medida que veas que se te van realizando las cosas enumeradas, ve tachándolas. Y al final, cuando las veas realizadas todas, no vayas a ser tan mal agradecido de pensar: “tal vez se me iban a dar de todas maneras”, porque es mentira. Se te dieron porque las pediste correctamente. Lo exterior se acomodó para dejártelas pasar.
Como ya estás muy habituado a sentir temor por una variedad de razones, cada vez que te encuentres atacado por un temor, repite la fórmula siguiente, que te irá borrando el reflejo que tienes grabado en el subconsciente:
«YO NO TENGO MIEDO. NO QUIERO EL TEMOR. DIOS ES AMOR Y EN TODA LA CREACIÓN NO HAY NADA A QUÉ TEMER. YO TENGO FE. QUIERO SENTIR FE».
Un gran Maestro decía “lo único que se debe temer es al temor”. La fórmula la debes repetir aun cuando estés temblando de terror. En ese momento, con mayor razón. Solamente el deseo de no temer y el deseo de tener FE bastan para cancelar todos los efectos del temor, y para situarnos en el polo positivo de la fe.
Supongo que ya tú conoces el principio psicológico que dice, que CUANDO SE BORRA UNA COSTUMBRE HAY QUE SUSTITUIRLA POR OTRA.
Cada vez que se niega o se rechaza una idea cristalizada en el subconsciente, se borra ésta un poquito. El pequeño vacío que así se hace, hay que llenarlo inmediatamente con una idea contraria. Si no, el vacío atraerá ideas de la misma clase y que siempre están suspendidas en la atmósfera, pensadas por otros. Poco a poco irás viendo que tus temores desaparecen, si es que tienes la voluntad de ser constante, repitiendo la fórmula en todas las circunstancias que se vayan presentando.
Poco a poco irás viendo que únicamente te sucederán las cosas como tú las deseas. “POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS”, dijo Jesús.
Este gran instrumento –“EL PODER DEL DECRETO”– se presenta a nuestra atención en aquella extraordinaria historia de la Creación que encontramos en los dos primeros capítulos del Génesis en la Biblia. Yo sugiero que tomes tiempo ahora para leer este maravilloso relato. Mientras lees te darás cuenta que el hombre –es decir, tú y yo– no fue creado para ser la pieza de juego de las circunstancias, la víctima de las condiciones o un títere movido de un lado para otro por poderes fuera de su dominio. En lugar de esto encontramos que el hombre ocupa el pináculo de la Creación; que, lejos de ser lo más insignificante del Universo es, por la misma naturaleza de los poderes que le ha dado su Creador, la suprema autoridad designada por Dios para regir la Tierra y toda cosa creada. EL HOMBRE ESTÁ DOTADO DE LOS PODERES MISMOS DEL CREADOR PORQUE ES “HECHO A SU IMAGEN Y SEGÚN SU SEMEJANZA”. El hombre es el instrumento por medio del cual la sabiduría, el amor, la vida y el poder del Creador Espíritu, se expresa en plenitud.
Dios situó al hombre en un Universo respondedor y obediente –incluyendo su cuerpo, sus asuntos, su ambiente– que no tiene otra alternativa que llevar a efecto los edictos o decretos de su Suprema Autoridad.
EL PODER DE DECRETAR ES ABSOLUTO EN EL HOMBRE; el dominio que Dios le dio, irrevocable; y aunque la Naturaleza básica del Universo es buena en la evaluación del Creador, puede aparecer ante el hombre solamente como él decrete que aparezca. Vemos que mientras el hombre fue obediente a su Creador, mantuvo su poder de pensar y hacer decretos a tono con el Espíritu del Bien que es la estructura de la Creación, vivió en un universo de bien, un “Jardín del Edén”. Pero cuando el hombre “cayó” al comer del árbol del conocimiento y usar sus poderes en el bien y en el mal – lo que como agente libre podía hacer – inmediatamente encontró sudor y cardos mezclados con su pan de cada día. Desde la “caída” el hombre se ha atareado declarando su mundo bueno o malo y sus experiencias han sido de acuerdo con sus decretos. Esto demuestra evidentemente cómo responde el Universo y cuán completos y de largo alcance son el dominio y la autoridad del hombre.

2020/01/09

Espíritu versus Materia


ESPÍRITU versus MATERIA
¿DÓNDE PONEMOS LA ATENCIÓN Y LA FE?

«Nada es más importante ni más beneficioso para vosotros que tomar aprecio a las actividades espirituales, amarlas y, no dejar pasar ni un solo día sin uniros al Cielo, meditar, orar… Varias veces al día deteneos durante algunos minutos, e intentad encontrar en vosotros mismos vuestro punto de equilibrio, vuestro centro divino… Empezáis entonces a sentir que, en todas las circunstancias de la vida, poseéis dentro de vosotros un elemento eterno, indestructible… E incluso si en el plano material no obtenéis ningún beneficio, interiormente os volvéis más libres, más fuertes, seguros de vosotros mismos, planeáis por encima de los acontecimientos.
Ese trabajo espiritual es la única riqueza, el único bien que está verdaderamente en vosotros. Todo lo demás os puede ser arrebatado; solo vuestro trabajo os pertenece para siempre.»
ááááááá
«Estamos situados entre el mundo inferior y el mundo superior, y nos corresponde a nosotros decidir inclinarnos por el principio divino, por el espíritu. “Pero, diréis, ¿por qué no se impone él, si es todopoderoso?” El fuego es también todopoderoso, puede quemarlo todo, pero encended una vela y observad lo débil que es la llama: al menor soplo se apaga. Como el fuego, el espíritu es débil, y si no lo alimentáis, no puede hacer nada. He aquí lo que todavía no habéis comprendido.

Esperáis contando con la fuerza todopoderosa del espíritu, y como no hacéis nada para dejarle entrar en vosotros, evidentemente no pasa nada. El espíritu es todopoderoso en lo alto, pero aquí en la tierra no lo es en tanto que no le deis las condiciones indispensables para que pueda manifestarse. Os corresponde por tanto a vosotros decidiros y dar primacía al espíritu.»
ááááááá
«Los humanos llevan su cuerpo, viven con él, lo cuidan, lo alimentan, lo lavan, lo visten e incluso lo maquillan, pero no se ocupan de descifrar lo que quiere decirles su cuerpo con sus miembros y sus órganos. Que estudien cómo la inteligencia cósmica ha pensado las cosas poniendo su cuerpo al servicio de su intelecto, de su corazón, de su voluntad: comprenderán que deben inspirarse en esa lección para la conducta de su vida interior y sabrán poner todo lo que es material y efímero al servicio de ese principio eterno, su espíritu.
Lo material y lo efímero tienen necesariamente un papel que jugar en nuestra existencia; pero para que ese papel sea benéfico, es preciso hacerles participar en la vida del espíritu. No basta con multiplicar los encuentros, las informaciones, los conocimientos, las aventuras, incluso si, en ese momento, dan la sensación de vivir plenamente. No es «ese momento» lo que cuenta; es, años después, el balance que hemos hecho de nuestra vida. Por eso, de vez en cuando, es útil revisar nuestras elecciones y nuestras actividades preguntándonos: «¿Qué me aporta verdaderamente todo esto?… »
ááááááá
«Todos los días los humanos deben dedicarse a múltiples ocupaciones que les obligan a descender en la materia. Pero deben solo descender, no caerse, hay que ver bien la diferencia. La condición para no caer, es permanecer unido al espíritu que habita en ellos. Así, cuando pasen interiormente por períodos difíciles, encontrarán los medios para huir de la duda, de la angustia, del desánimo: escaleras y escalas les permitirán acceder a las regiones superiores de la conciencia.
En la materia podemos encontrar los bienes, pero también todos los males. Para no dejarse devorar, hay que cuidarse de bajar sin obstruir las escaleras, sin romper las escalas, sin cortar las cuerdas, con el fin de poder remontar rápidamente y ponerse al abrigo en caso de peligro. La fe y un alto ideal son esas escaleras, esas escalas y esas cuerdas que permiten remontar rápidamente a los pisos superiores. »
Textos de Omraam Mikhaël Aïvanhov

2014/09/21

Por la Paz Mundial (I)

Martin Luther King (1929-1968)
Discurso de aceptación del premio Nobel de la Paz en 1964
Traducción: Montserrat Merino
Su Majestad, Su Alteza Real, el Sr. Presidente, Excelencias, Señoras y Señores:
Acepto el Premio Nobel de la Paz en un momento en el que 22 millones de negros de los Estados Unidos de América están comprometidos en una batalla creativa para poner fin a la larga noche de la injusticia racial. Acepto este premio en nombre de un movimiento de derechos civiles que se mueve con determinación y con un desprecio majestuoso por el riesgo y el peligro por establecer un reino de libertad y un imperio de justicia.
Soy consciente de que sólo ayer en Birmingham, Alabama, nuestros hijos, que claman por la fraternidad, fueron contestados con mangueras de incendio, perros gruñendo e incluso la muerte. Soy consciente de que sólo ayer en Filadelfia, Mississippi, jóvenes que buscaban garantizar el derecho al voto fueron tratados brutalmente y asesinados. Y solo ayer más de 40 lugares de culto en el Estado de Mississippi fueron bombardeados o quemados porque ofrecieron un santuario para aquellos que no quisieron aceptar la segregación. Soy consciente de la pesada y debilitante pobreza que afecta a mi pueblo y que le encadena al peldaño más bajo de la escala económica.
Por lo tanto, tengo que preguntar por qué se otorga este premio a un movimiento que es asediado y comprometido a la lucha implacable; a un movimiento que no ha ganado la propia paz y fraternidad que es la esencia del Premio Nobel. Después de la contemplación, llego a la conclusión de que este premio que recibo en nombre de ese movimiento es un reconocimiento profundo de que la no violencia es la respuesta a la cuestión política y moral fundamental de nuestro tiempo —la necesidad del hombre por superar la opresión y la violencia sin recurrir a la violencia y opresión. La civilización y la violencia son conceptos antitéticos. Los negros de los Estados Unidos, siguiendo a la gente de la India, han demostrado que la no violencia no es pasividad estéril, sino una poderosa fuerza moral que realizará la transformación social.
Tarde o temprano todas las personas del mundo tendrán que descubrir una manera de vivir juntos en paz, y con ello transformar esta elegía cósmica pendiente en un salmo creativo de hermandad. Si esto ha de lograrse, el hombre debe hacer evolucionar para todos los conflictos humanos un método que rechace venganza, agresión y represalia. El fundamento de este método es el amor.
El tortuoso camino que ha llevado desde Montgomery, Alabama, a Oslo da testimonio de esta verdad. Este es un camino por el cual millones de negros están viajando para encontrar un nuevo sentido de dignidad. Este mismo camino ha abierto para todos los americanos una nueva era de progreso y esperanza. Ha dado lugar a una nueva Ley de Derechos Civiles que será, estoy convencido, ampliada y prolongada en una gran carretera de justicia para hombres negros y blancos en creciente número creando alianzas para superar sus problemas comunes.
Acepto este premio hoy con una fe inquebrantable en América y una fe audaz en el futuro de la humanidad. Me niego a aceptar la desesperanza como la respuesta final a las ambigüedades de la historia. Me niego a aceptar la idea de que el “es” (“isness”) de la actual naturaleza del hombre le hace moralmente incapaz de alcanzar el eterno “debe ser” (“outness”) que siempre está frente a él.
Me niego a aceptar la idea de que el hombre es meramente un resto flotante en el río de la vida, incapaz de influir en los acontecimientos que se desarrollan alrededor suyo. Me niego a aceptar el punto de vista de que la humanidad está tan trágicamente unida a la medianoche sin estrellas del racismo y la guerra que el amanecer brillante de paz y fraternidad nunca podrá convertirse en una realidad.
Me niego a aceptar la cínica noción de que nación tras nación debe descender en espiral por una escalera militarista al infierno de la destrucción termonuclear. Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra en realidad. Esta es la razón por la que el derecho temporalmente derrotado es más fuerte que el mal triunfante. Creo que incluso en medio de las explosiones de mortero de hoy y las balas de gimoteo, todavía hay esperanza para un mañana más brillante. Yo creo que la justicia herida, postrada en las calles sangrientas de nuestras naciones, puede ser levantada de este polvo de la vergüenza para reinar entre los hijos de los hombres. Tengo la audacia para creer que las personas de todo el mundo pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes, y dignidad, igualdad y libertad para sus espíritus. Creo que lo que los hombres egocéntricos (“self-centered”) han derribado, los hombres generosos (“other-centered”) podrán construir.
Aún creo que un día la humanidad se inclinará ante los altares de Dios y será coronada triunfante sobre la guerra y el derramamiento de sangre, y buena redentora la no-violencia proclamará el estado de la tierra. “Y el león y el cordero se echarán juntos y cada hombre se sentará debajo de su vid y de su higuera y nadie tendrá miedo.” ¡Todavía creo que venceremos!
Esta fe podrá darnos coraje para enfrentar las incertidumbres del futuro. Dará a nuestros pies cansados ​​nueva fuerza a medida que continuemos caminando hacia delante, hacia la ciudad de la libertad. Cuando nuestros días cubiertos de nubes bajas se vuelvan tristes y nuestras noches se vuelven más oscuras que mil medianoches juntas, sabremos que estamos viviendo en el caos creativo de una auténtica civilización que lucha por nacer.
Hoy vengo a Oslo como fiduciario, inspirado y con renovada dedicación a la humanidad. Acepto este premio en nombre de todos los hombres que aman la paz y la fraternidad. Y digo que vengo como fiduciario porque, en lo más profundo de mi corazón, soy consciente de que este premio es mucho más que un honor para mí personalmente.
Cada vez que tomo un vuelo, siempre estoy consciente de la cantidad de personas que hacen posible el éxito de un viaje —los conocidos pilotos y el desconocido personal de tierra. Así que ustedes están honrando tanto a los pilotos dedicados de nuestra lucha que se han sentado en los controles como al movimiento de la libertad disparado en órbita. Honran, una vez más, al Jefe Lutuli de Sudáfrica, cuyas luchas con y para su pueblo, se encuentran todavía con la expresión más brutal de la inhumanidad del hombre hacia el hombre. Honran al personal de tierra sin cuyo trabajo y sacrificios los vuelos a la libertad nunca podrían haber dejado la tierra. La mayoría de estas personas nunca serán titulares y sus nombres no aparecerán en “Quién es Quién” (“Who’s Who”). Sin embargo, cuando los años vayan pasando y cuando la luz resplandeciente de la verdad se centre en esta maravillosa época en la que vivimos, hombres y mujeres conocerán, y a los niños se les enseñará, que tenemos una tierra más fina, un pueblo mejor, una civilización más noble porque estos humildes hijos de Dios estuvieron dispuestos a sufrir por causa de la justicia.
Creo que Alfred Nobel sabría a qué me refiero cuando digo que acepto este premio con el espíritu de un curador de alguna reliquia preciosa que tiene en fideicomiso para sus verdaderos dueños —todos aquellos para quienes la belleza es verdad y la verdad belleza— y en cuyos ojos la belleza de una auténtica fraternidad y paz es más preciosa que los diamantes o la plata o el oro.

Discurso Original (Inglés)

       Your Majesty, Your Royal Highness, Mr. President, Excellencies, Ladies and Gentlemen:
I accept the Nobel Prize for Peace at a moment when 22 million Negroes of the United States of America are engaged in a creative battle to end the long night of racial injustice. I accept this award on behalf of a civil rights movement which is moving with determination and a majestic scorn for risk and danger to establish a reign of freedom and a rule of justice. I am mindful that only yesterday in Birmingham, Alabama, our children, crying out for brotherhood, were answered with fire hoses, snarling dogs and even death. I am mindful that only yesterday in Philadelphia, Mississippi, young people seeking to secure the right to vote were brutalized and murdered. And only yesterday more than 40 houses of worship in the State of Mississippi alone were bombed or burned because they offered a sanctuary to those who would not accept segregation. I am mindful that debilitating and grinding poverty afflicts my people and chains them to the lowest rung of the economic ladder.
Therefore, I must ask why this prize is awarded to a movement which is beleaguered and committed to unrelenting struggle; to a movement which has not won the very peace and brotherhood which is the essence of the Nobel Prize.
After contemplation, I conclude that this award which I receive on behalf of that movement is a profound recognition that nonviolence is the answer to the crucial political and moral question of our time - the need for man to overcome oppression and violence without resorting to violence and oppression. Civilization and violence are antithetical concepts. Negroes of the United States, following the people of India, have demonstrated that nonviolence is not sterile passivity, but a powerful moral force which makes for social transformation. Sooner or later all the people of the world will have to discover a way to live together in peace, and thereby transform this pending cosmic elegy into a creative psalm of brotherhood. If this is to be achieved, man must evolve for all human conflict a method which rejects revenge, aggression and retaliation. The foundation of such a method is love.
The tortuous road which has led from Montgomery, Alabama to Oslo bears witness to this truth. This is a road over which millions of Negroes are travelling to find a new sense of dignity. This same road has opened for all Americans a new era of progress and hope. It has led to a new Civil Rights Bill, and it will, I am convinced, be widened and lengthened into a super highway of justice as Negro and white men in increasing numbers create alliances to overcome their common problems.
I accept this award today with an abiding faith in America and an audacious faith in the future of mankind. I refuse to accept despair as the final response to the ambiguities of history. I refuse to accept the idea that the "isness" of man's present nature makes him morally incapable of reaching up for the eternal "oughtness" that forever confronts him. I refuse to accept the idea that man is mere flotsom and jetsom in the river of life, unable to influence the unfolding events which surround him. I refuse to accept the view that mankind is so tragically bound to the starless midnight of racism and war that the bright daybreak of peace and brotherhood can never become a reality.
I refuse to accept the cynical notion that nation after nation must spiral down a militaristic stairway into the hell of thermonuclear destruction. I believe that unarmed truth and unconditional love will have the final word in reality. This is why right temporarily defeated is stronger than evil triumphant. I believe that even amid today's mortar bursts and whining bullets, there is still hope for a brighter tomorrow. I believe that wounded justice, lying prostrate on the blood-flowing streets of our nations, can be lifted from this dust of shame to reign supreme among the children of men. I have the audacity to believe that peoples everywhere can have three meals a day for their bodies, education and culture for their minds, and dignity, equality and freedom for their spirits. I believe that what self-centered men have torn down men other-centered can build up. I still believe that one day mankind will bow before the altars of God and be crowned triumphant over war and bloodshed, and nonviolent redemptive good will proclaim the rule of the land. "And the lion and the lamb shall lie down together and every man shall sit under his own vine and fig tree and none shall be afraid." I still believe that We Shall overcome!
This faith can give us courage to face the uncertainties of the future. It will give our tired feet new strength as we continue our forward stride toward the city of freedom. When our days become dreary with low-hovering clouds and our nights become darker than a thousand midnights, we will know that we are living in the creative turmoil of a genuine civilization struggling to be born.
Today I come to Oslo as a trustee, inspired and with renewed dedication to humanity. I accept this prize on behalf of all men who love peace and brotherhood. I say I come as a trustee, for in the depths of my heart I am aware that this prize is much more than an honor to me personally.
Every time I take a flight, I am always mindful of the many people who make a successful journey possible - the known pilots and the unknown ground crew.
So you honor the dedicated pilots of our struggle who have sat at the controls as the freedom movement soared into orbit. You honor, once again, Chief Lutuli of South Africa, whose struggles with and for his people, are still met with the most brutal expression of man's inhumanity to man. You honor the ground crew without whose labor and sacrifices the jet flights to freedom could never have left the earth. Most of these people will never make the headline and their names will not appear in Who's Who. Yet when years have rolled past and when the blazing light of truth is focused on this marvellous age in which we live - men and women will know and children will be taught that we have a finer land, a better people, a more noble civilization - because these humble children of God were willing to suffer for righteousness' sake.
I think Alfred Nobel would know what I mean when I say that I accept this award in the spirit of a curator of some precious heirloom which he holds in trust for its true owners - all those to whom beauty is truth and truth beauty - and in whose eyes the beauty of genuine brotherhood and peace is more precious than diamonds or silver or gold.